Columna/ El papa Francisco no se fue

Por: María Del Rosario Guerra @charoguerra

Senadora y precandidata presidencial

Bogotá, 12 de septiembre de 2017

Fueron cuatro días de intensa agenda que cumplió el papa Francisco en Colombia. En Bogotá, Villavicencio, Medellín y Cartagena, los ciudadanos respondimos llenando las calles para saludarlo, recibir su bendición en las homilías o simplemente verlo pasar, siempre con la misma fe que une al pueblo colombiano, católico por excelencia.

Pero la visita del santo Padre no puede quedar convertida solamente en un hecho más para los libros de historia de Colombia. Sus mensajes estuvieron cargados de enseñanzas, compromisos, verdades y humildad, esta última para servir y crecer como seres humanos. Fueron muchos los mensajes, todos oportunos para el difícil momento que vive nuestra sociedad, golpeada por la corrupción, el narcotráfico, el irrespeto a la vida, a la mujer y a los niños, y por la pérdida de confianza de los ciudadanos en las instituciones.

Algunos mensajes puntuales. “El diablo entra por el bolsillo(…). No se puede servir a Dios y al dinero”. Nada más oportuno para el momento que atraviesa Colombia, donde la corrupción ha permeado todas las esferas del poder, llegando hasta las Altas Cortes y todos los niveles de la política. Eso es la corrupción, la tentación de tener dinero fácil. Oportunamente Francisco nos deja esa reflexión para que recuperemos la moral en el manejo de lo público, sin importar el nivel de responsabilidad que cada uno de nosotros tenemos dentro de la sociedad.

“Hay densas tinieblas que amenazan y destruyen la vida: las tinieblas de la injusticia y de la inequidad social; las tinieblas corruptoras de los intereses personales o grupales, que consumen de manera egoísta y desaforada lo que está destinado para el bienestar de todos”, agrega Francisco durante la misa del Parque Simón Bolívar.

El daño del narcotráfico en nuestra sociedad y su conexión con la corrupción, fueron temas obligados del santo Papa en sus intervenciones. Por eso, una de las tareas encomendadas a los Obispos fue no tener miedo en alzar serenamente la voz para recordar a todos que “una sociedad que se deja seducir por el espejismo del narcotráfico se arrastra a sí misma en esa metástasis moral que mercantiliza el infierno y siembra por doquier la corrupción y, al mismo tiempo, engorda los paraísos fiscales”. Sin duda, el vicario de Cristo nos dejó claro cada uno de los estragos que hace el contubernio narcotráfico-corrupción sobre la economía, la vida de los jóvenes y el comportamiento de la sociedad.

Contrario a lo que muchos han querido interpretar, el Papa Francisco mostró su visión de paz y reconciliación ligada con la verdad, y resaltó que: “Verdad es confesar qué pasó con los menores de edad reclutados por los actores violentos. Verdad es reconocer el dolor de las mujeres víctimas de violencia y de abusos”.  Estas palabras de Su Santidad claramente permiten entender que sin justicia, verdad y ofrecer perdón sincero no hay paz. Que falta hace que se cumplan estas tres condiciones para asegurar que la paz no sea un discurso político ni una ventaja para victimarios sino un compromiso de respeto a la ley, a las instituciones y a la sociedad.

“Verdad es contar a las familias desgarradas por el dolor lo que ha ocurrido con sus parientes desaparecidos”, agregó. Entiendo, para que no quede duda, que la paz no puede estar basada en la burla del “quizás, quizás, quizás”, que irrespeta el anhelo de las víctimas de saber qué pasó, para al menos sanar su dolor.

Coherente a su discurso mundial para entender la naturaleza como fuente de vida, dijo que “Colombia es una nación bendecida de muchísimas maneras; la naturaleza pródiga no solo permite la admiración por su belleza, sino que también invita a un cuidadoso respeto por su biodiversidad”. El narcotráfico, la minería ilegal, la explotación y producción sin responsabilidad con la sostenibilidad de la riqueza natural, acrecientan la deuda ambiental y derraman sus efectos negativos sobre el bienestar presente y futuro de los colombianos.

Así fue la visita del Papa Francisco, llena de mensajes para los jóvenes, para los mandatarios, para nuestra iglesia, para la familia. Mensajes cargados de esperanza para construir Nación de la mano de la verdad y la justicia. Por eso, Francisco no se ha ido, sus mensajes y enseñanzas se han quedado para ponerlos en práctica. Gracias Francisco.

(Fin)

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