Columna/ De la Seguridad Democrática a la Inseguridad General. Hay que recuperar el rumbo

Por: Senadora María del Rosario Guerra

@charoguerra

Bogotá, 27 de junio de 2017

Sin seguridad no hay Estado de Derecho. Si no hay presencia efectiva de la Fuerza Pública en todo el territorio ni monopolio del uso de las armas ni respeto a la autoridad ni imperio de la Ley, difícilmente puede un Estado cumplir de manera efectiva todas sus funciones. En ese sentido, bien resaltaba el Presidente Uribe: “La seguridad no debe ser la única preocupación del Gobierno Nacional, pero sí la primera”.

Esa premisa, trajo mucha prosperidad al país en todos los sectores en los primeros años del nuevo siglo, pero tristemente los colombianos pasamos de un Gobierno que usó la seguridad como valor democrático, que generó confianza a los ciudadanos, fortaleció la gobernabilidad y las instituciones; a un Gobierno que con la excusa de la ‘paz’ legitimó el crimen, exaltó a los criminales y desprotegió a los ciudadanos.

Las cifras no mienten. De 2010 a 2017, las extorsiones han aumentado 214 %, los hurtos a comercio 49 %, y tan sólo en el 2016 se registraron 2,8 millones de robos de teléfonos celulares, 183 secuestros y 200 actos terroristas. ¡Escandaloso! Recordemos la reducción de los principales índices de inseguridad en el año 2010 respecto al 2002: los actos de terrorismo se redujeron 70 %; los homicidios totales 46 % y 67 % en el caso de alcaldes; 93 % disminuyeron los secuestros, y la extorsión bajó 35 % (Cifras MinDefensa).

Es evidente que necesitamos recuperar la seguridad como motor de desarrollo, para ello he presentado tres propuestas a los colombianos: recuperar la confianza;  establecer más estrategia y más efectividad en la implementación de políticas de seguridad, y fortalecer el inseparable binomio ‘justicia – seguridad’.

Para recuperar la confianza es imperativo que la Fuerza Pública vuelva a tener un Comandante en Jefe que le dé ejemplo y respaldo. Tenemos que elevar la moral de nuestras Fuerzas Militares y de Policía, y su bienestar, en lo referente a mejorarles las condiciones salariales, educativas y de vivienda. Pero, ante todo, ¡Colombia no necesita más Generales de coctel! ¡Todos en el campo!

Tenemos también que retomar los consejos de seguridad semanales; exigir transparencia y rendición de cuentas en la Fuerza Pública; combatir fuentes de ilegalidad que hoy alimentan y generan la inseguridad, como lo son los carteles del narcotráfico, y hacer efectiva la erradicación manual y aérea de cultivos ilícitos; dar recompensas por colaboración en el combate del crimen, y vincular a la ciudadanía a través de las redes de cooperantes, para pasar de la queja a la acción. 

En segundo lugar, para ser más efectivos y más estratégicos, necesitamos construir un sistema de información cuantitativo, cualitativo y geográfico, que nos permita dar respuesta rápida y oportuna, fortalecer los observatorios del delito y la Línea 1,2,3, y repotenciar tecnológicamente a nuestra Fuerza Pública.

Finalmente, tenemos que articular la seguridad con nuestro sistema de justicia para ofrecer respuestas efectivas a nuestros ciudadanos. Es fundamental volver a penalizar la dosis mínima y a los llamados ‘jíbaros’. Al drogadicto: corazón grande, le brindaremos tratamiento de salud. Proponemos judicializar a los jóvenes entre 15 y 17 años como mayores de edad; impulsar un bloque contra jueces y fiscales corruptos; quitar a los delincuentes sus bienes adquiridos ilícitamente e impulsar una estrategia Nacional de ciberseguridad.

En 2018 tenemos el reto de implementar una política de mano dura contra el delito y cero tolerancia con el delincuente. YA ES HORA de tener ciudades seguras para todos los colombianos.

(Fin)

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